Tiempos patógenos

Hube de soñar con el futuro.

En algún absurdo segundo de la existencia. Seguramente lo sabía, seguramente lo sabíamos todos.

Dicen que los planetas se han alineado.

O dicen que si es que el número capicúa de este año.

O simplemente, más bien, la gris nube de nuestras ciudades que abotarga nuestro sentido lógico y nos catapulta a una contaminación sin límites, como en aquel canal muerto de ruido blanco del Neuromante de Gibson.

¿Una distopía? La auténtica distopía negra parece blanca e impoluta a simple vista, como en el “Mechanical Animals” de Manson.

La oscuridad es calmada con farolas en salones-calles vacíos, en salones-plazas abandonadas.

La sonrisa se dibuja forzada, en las puñeteras redes sociales, en las miles de pantallitas de todos los malditos formatos.

El miedo.

Temor a la gente. Por encima de todo, a la gente. A su miedo.

Son tiempos patógenos, tiempos que parecen distópicos. Tiempos con suciedades mentales, con una patogénesis angustiosa que, si bien a unos les invita a alejarse y evadirse en el silencio y pensar, y sentir…, a otros les invita a ensuciar más y más, como si los virus no enturbiasen la vista suficiente.

¿Tiempos distópicos? ¿Ahora? Parecen distópicos. Porque vivíamos con la sonrisa puesta tan creyentes, tan vanagloriados de nuestro vete a saber qué futuro de…, ¿de qué demonios el qué?

Llevo años sintiendo que todo tiene que cambiar, y vislumbrando cada día con más y más claridad la mentira, la estrafalaria y forzada pamplina que nos ponen delante para que imitemos a modo de “vida”. Y todos nos creemos capaces de salir de “eso”. Pero no…, no salimos. Vamos…, yo sé que no salgo, no voy a ponerme en plan flipada ahora…, porque yo soy la que más, digo la que menos, o…, o lo que sea.

Y no es ninguna “matrix” precalculada, no. ¡Ay!…, ese estructurado mundo de la conspiración que calma nuestro grado de responsabilidad propia individual. Somos nosotros mismos presos del pánico absurdo. Es nuestra interminable ansia castrada mil veces por nosotros mismos y catapultada sin remedio al aburrimiento y a la apatía, y de ahí, paralizados por el miedo a encapsularnos en la agonía de lo tedioso, a una impulsividad absurda por comprar esto o aquello, por compararnos, por medirnos, por querer ser más, o mejores, o más listos, o más atiborrados de información, o más conocedores del qué sé yo qué, y entonces compramos y compramos, y nos miramos al espejo, y volvemos a comprar, y nos volvemos a mirar, y esperamos el saludo, y la aceptación, y esto y aquello, y esto se puede hacer, y esto otro si “se hace” pues lo hago, y lo hago porque se hace, y se hace porque lo hago…

Y ahora son tiempos de salir de todo eso. De ensimismarse. De pensar.

Pero…, ¡pero entonces necesito información! ¡Oh, cielos! Necesito que me digan cómo hacerlo, cómo conectar con “eso”, y si “eso” es uno mismo, o es el alma, o es la base de la personalidad, o la conexión con el Universo, o con el Todo, o la Fuente, o el Yo supremo, o eso pequeño que todos llevamos dentro pero que es muy grande…, pero no sé cómo se hace, pero busco el mecanismo, la fórmula, la clase online, la tutoría del maestro, o el conocimiento ancestral mil veces perdido a lo largo del tiempo.

Qué extraña época ésta.

Qué caos de contradicciones.

Qué pérdida de lo absoluto. Y de lo simple.

¡Pero qué aburrimiento más grande, puñeflas…!

Coronavirus y papel higiénico

(Sábado 14 de marzo de 2020)

Una explicación desde el punto de vista de la publicidad

En vista al comportamiento de mucha gente haciendo acopio de víveres ante la nada común situación que estamos viviendo en nuestro país, yo me pregunto, como tantos otros:

¿Por qué papel higiénico?

El psicólogo Steven Taylor comenta que las estanterías de los supermercados se vacían de este preciado papel porque refleja un instinto de limpieza. Desde luego es una opinión que puede ser muy acertada, y sin duda lo primero que pensé cuando observé esta situación es que tenía que responder a una especie de miedo atávico, a una respuesta profundamente psicológica.

Pero ayer me acordé de algo. Por lo visto los conocimientos publicitarios también sirven para estas cosas…

¿Recordáis aquel anuncio de una conocida marca de papel higiénico donde los protagonistas eran un cachorro blanquito, monísimo, y un niño muy bonico de unos 3 años?

Para los que seáis padres: ¿a qué edad quitasteis el pañal a vuestros hijos? A los 2 y medio, 3 años…, ¿verdad?

¿Y que hacía ese niño con su perrito en este anuncio? Estaba solo con él, no había padres, no había adultos. El perrito significaría la suavidad de ese papel, pero también es cachorro, como el niño.

Juntos se aventuran en un nuevo mundo: el mundo de hacerse mayor. ¿Y qué significa eso? Significa abandonar el pañal, dejar de necesitar ayuda, significa ni más ni menos que INDEPENDENCIA y AUTONOMÍA.

Me está sorprendiendo, durante estos días, y especialmente desde el momento en el que mucha gente se ha lanzado a los supermercados, que ese acto expresa una especie de desconfianza de la organización humana en la que estamos metidos.

Me explico: hemos perdido la confianza ante lo que significa Estado, gobierno, organización comunitaria, país, Constitución…

Ante una crisis x muchos se agolpan en los supermercados (haciendo cola, por cierto, justo lo contrario de lo que recomiendan) y parecen creer que en cualquier momento dejarán de haber víveres, todo será un caos desorganizado, y cada uno tendrá que pensar en sí mismo, en su yo, en su casa, en su acumulación de alimentos y artículos como el papel higiénico que nos otorga la perdida libertad e independencia, pues antes o después llegarán las fuerzas vivas robándonos nuestra autonomía, pero por otro lado también faltará la comida y… ¡Uf! ¡El terror! Como esas películas americanas apocalípticas donde cada uno tira para lo suyo y trata de sobrevivir por su cuenta, siendo absolutamente todo el mundo que le rodea el enemigo, tipo Tom Cruise con sus zagales huyendo, topándose con locos por doquier, en la Guerra de los Mundos.

Vamos a ver… Empecemos por recordar algo:

¿Qué paso con el 11-M en Madrid? Pues según una película americana lo siguiente:

“Cuando la ciudadanía se percató de que la capital había sido atacada por el terrorismo, corrieron despavoridos, sacaron sus coches del garaje rápidamente, catapultaron a sus hijos dentro y salieron pitando de la ciudad atascando sus salidas como si no hubiera un mañana. Y por el camino se toparon con grupos de tipejos de barrios conflictivos que trataban como palurdos de aprovecharse de la situación robando, en vez de tratar de salvar sus vidas, y esto lo hacían porque eran muuuu mu malos…, una cosa bárbara.”

¿Y qué ocurrió realmente? Pues que la gente se organizó para ayudar a los heridos, que muchos ciudadanos hicieron cola para donar sangre. Es decir, que la gente se organizó en común.

En esta situación actual del Coronavirus, y habiendo entrado ya en el estado de alarma, resulta que tenemos una Constitución Española, del 78, la mar de útil. Porque para esto debe de servir un Estado, una organización territorial de gentes viviendo en ella: para unirnos, pensar en el “todo”, y servir de utilidad al bien común.

¿De qué nos sirve vivir en un país x si ante una situación anormal nos ponemos a actuar desconfiando de nuestra propia organización, como si fuésemos entes aislados, tratando solamente de salvar nuestro propio culo (lo siento, con lo del papel higiénico es que me venía al pelo).

Resumiendo: en un estado de alarma, según la Constitución, el gobierno podrá tomar fábricas de producción para repartir víveres a la población, y para evitar precisamente que unos compren máscaras a granel y luego las vendan en Internet multiplicando su precio por diez.

Tras meses y meses de banderas y banderas por aquí y por allá, resulta que ahora es precisamente el momento de sentirse pertenecer a un PAÍS. Y da igual que lo identifiquemos como “patria” al estilo conservador, o “estado” al estilo social. Usad el término como más os guste, de derechas o de izquierdas, no importa: es hora de emocionarse con lo común, con la patria, con el país, con el estado social…, es hora de creer en nuestras instituciones, de confiar en nuestro estado de derecho, en las leyes, en la Constitución…

Juntos lo superaremos. Pero, en lo máximo que se pueda, cada uno en su casa 😉

#MeQuedoEnCasa

Ernst Ludwig Kirchner

Kirchner está asomado a la ventana. Las gentes pasean por las calles de Berlín con relajada parsimonia, mirándose los unos a los otros, con altivas miradas, alzadas éstas en plumas y sombreros, en un vagar con meditado paso y jerárquico comportamiento.

Cierra los ojos. Suenan tambores de guerra. La sociedad parece estar desquebrajándose. Kirchner se halla inmerso en una de sus épocas solitarias.

El grupo Die Brücke (El Puente), en el que hacía unos pocos años compartía con sus compañeros de estudios, se ha desmembrado. El artista se ha instalado en Berlín, y en esta ciudad observa los aspectos decadentes de una sociedad inmersa en su ego burgués.

Escena de Berlín. Kirchner, 1914

Solemos conocer la historia de muchos artistas. Pero la de Kirchner no es muy conocida. Fue uno de los fundadores del grupo Die Brücke, y uno de los primeros creadores del primer expresionismo pictórico, el expresionismo figurativo.

Suelo observar a los artistas, de cualquier disciplina, pictórica, musical, literaria… Y me he dado cuenta de una cosa: nos gusta recordar como racionales a aquellos “genios” que parecen haber triunfado, y nos gusta mirar con ojos asombrados, a la par que asustados, a aquellos que mueren jóvenes, o a los que se se suicidan, o a los que abusan de drogas y alcohol, o a aquellos que parecen estar cubiertos de un velo de desdicha.

Postdamer Platz. Ernst Ludwig Kirchner, 1913

A menudo se califica al artista que no entra en los parámetros de “normalidad” como de loco, drogadicto, de vida pendenciera, en definitiva: que su arte responde a un acto de locura, no a una respuesta tras una observación consciente del mundo. A Kirchner se le puede catalogar en esto y al mismo tiempo no.

Su trabajo fue reconocido. En los años 20 Kirchner ya era una figura reconocida del arte expresionista, arte que se desarrollaba ahora por los cuatros costados no sólo en la pintura, sino en la fotografía y el cine.

Obra fotográfica: Cocina alpina. Retrato de Kirchner. 1910

Pero estamos en 1914. Justo antes de que se inicie la Primera Guerra Mundial.

Kirchner abre los ojos. Le fascina la ciudad, en todos sus aspectos. Ricos, altos sombreros, prostitutas, artistas de circo, señoras emplumadas… Ruido, desorden, máquinas, vida, deshumanización, angustia…

La ciudad en la noche brilla, pero Kirchner no va a destacar las luces de la ciudad, ni siquiera tiene pensado expresar claramente el día o la noche.

Los colores son su arma, el arma de todo expresionista de Die Brücke. Así lo aprendieron, él y sus compañeros, del fauvismo, pero no…, Kirchner no usará el color al modo fauve.

Autorretrato como soldado. Kirchner. 1915.

Mientras un fauvista (Matisse o Derain) usaría el color para definir una armonía general en la obra, el expresionismo lo usará deliberadamente para romper la armonía. Kirchner ha puesto sus ojos en la burguesía berliniana que pasea impasible ante el horror del hambre de los que les piden por las calles, o ante el horror de una política corrupta. No…, la armonía no puede existir en su obra, pues la armonía no existe en el mundo.

Poco después Kirchner se alistará al ejército.
Hablamos de una guerra en la que los jóvenes se alistaban por voluntad propia, en un ambiente de patriotismo exacerbado. Él es uno más.

Ya no volverá a ser el mismo.

Meses después, en 1915, tiene que dejar el ejército. Vuelve tan dolido, física y emocionalmente, que es internado durante un tiempo. La guerra le ha hecho engancharse a los barbitúricos y al alcohol.

Desde entonces vivirá en Davos, una ciudad suiza, tranquila, rodeada de montañas. Lo hará con su novia de toda la vida, Erna Schilling.

A partir de entonces su vida será una lucha continua contra la depresión, contra la marca de la guerra. Y una vida de intensísima creación artística, no sólo pictórica, sino también fotográfica.

Y mientras, el fantasma de la guerra vuelve a acechar Europa. El nazismo se hace con el continente, avanza. A Kirchner esto le aterra. Los nazis han catalogado su arte como “degenerado” y Kirchner siente los insultos y el odio de sus compatriotas acechar sobre su nuca.

Siente miedo, le horroriza la vuelta de la guerra.
No entiende nada, no comprende la expansión de semejante sinsentido.

En 1938 Hitler amenaza con llegar a Suiza. Kirchner no lo soporta más. No quiere vivir en esta locura de mundo. ¿Pero qué demonios está ocurriendo? Le sugiere a su mujer el suicidio juntos. Nada tiene sentido, no pueden continuar en este mundo tan miserable, tan ilógico, tan inhumano.

Su mujer acude a buscar ayuda al verle dispuesto a suicidarse. Es entonces cuando, solo, se dispara en el corazón.

Siempre me ha enternecido este personaje. Su arte es violento y dulce al mismo tiempo, despierta entusiasmo vital a la par que terror.

No entender a Kirchner es no entender el dolor ante una sociedad acosada por el belicismo y la intolerancia. La inestabilidad de Kirchner no fue fruto de una mente irracional y difusa. Su angustia, su nerviosismo y su miedo, fueron el reflejo de su profunda sensibilidad; el grito de su profunda humanidad.

Franzï ante una silla tallada o tótem. Kirchner. 1910.

Las señoritas de Avignon, de Pablo Picasso

Comentario de la obra ‘Las señoritas de Avignon’

(Comentario muy personal)

Al lanzar la mirada, en un primer vistazo, veo una imagen extrañamente moderna, a pesar de sus ciento doce años de vida. Quizás tengo marcada esa imagen de lo que nuestros abuelos entendían por «lo moderno», o seguramente continúa siendo moderna…

Una multiplicación de formas se pliegan, como un puñado de bloques amontonados, sonando papel doblado, o sábanas, o cortinas de este burdel de Avignon. Máscaras africanas, arquetipos íberos en el centro…, ¡pero qué locura de formas mezcladas! Aunque no…, observando bien, y cuanto más miro, todo parece explicarse y tener gran sentido, no habiendo absolutamente ningún trazo al azar.

Las señoritas de Aviñón. Pablo Picasso. 1907.

Me llama la atención el rosa de sus pieles, esos tonos cálidos… ¿Cómo es posible que en unas formas tan antinaturales siento la presencia de esos cuerpos desnudos? Ellas se están mostrando, y en una multiplicidad de gestos, de posturas, de puntos de vista. Lo que en un primer vistazo era bloques amontonados se convierte ahora en un caleidoscopio que invita a la tridimensionalidad sólo así posible dentro de una representación tan plana, sin profundidad, sin volumen.

Y es que el cuadro es mágico, sí…, pues mágicamente se desdobla en una suerte de papiroflexia creando una estrafalaria tridimensionalidad. Y cuántos habrán dicho ante esa obra: «¿Por qué lo pintó así? ¿Es que no sabía pintar?» Sí, claro que Picasso sabía pintar, pero sabía más que eso. Supo romper las leyes impuestas para crear tridimensionalidad y perspectiva, aquellas que quinientos años atrás establecieron los renacentistas. Y supo romper la forma habitual de representación humana occidental, sin tampoco abandonarla, sino uniéndola a formas de representación, que para él eran tan válidas como las occidentales, como el arte negro africano, el arte egipcio o el arte íbero antiguo.

Y curiosamente, usando estos arquetipos de otras culturas, aprovecha estas formas para introducir un rasgo de modernidad: otro punto de vista, otra manera de contar la realidad. Ahora la mujer desnuda no es esa bella cortesana de La Venus de Urbino de Tiziano, o La Venus frente al espejo de Velázquez, que parecen felices, tranquilas, autocomplacientes…, ¿verdaderamente era eso realismo? Ahora estamos ante mujeres de gesto serio (las dos del centro), que no son prostitutas por placer, sino por necesidad de comer, y muestran gestos de miedo, incluso de aburrimiento. Según miramos a uno u otro ojo de estas dos damas íberas, esos ojos tan descolocados uno respecto al otro, captamos uno y otro sentimiento.

¿Y esas máscaras negras? ¡Qué sensación tan terrible producen! Es como si se anunciara la muerte de ellas, o la negación de estas personas, o es la máscara que han de llevar en su trabajo que las expone a cualquier cosa.

No es un cuadro bello, no estamos ante aquellas formas armónicas y tranquilas de tiempos pasados. ¡Claro que no! ¿Y por qué habría de ser bella la representación de una vida sórdida e insegura?

Qué es el misterio

La magia de lo incomprensible

Algo inexplicable, o aquello que solemos catalogar como “misterio”, suele convertirse en un aliciente en mí. Me gusta el interrogante, o aquello que no tiene explicación. Cuando siento que algo está demasiado acotado y me está diciendo “ser” conocimiento, automáticamente pienso que no es tal.

Creo que la misma interpretación de las cosas crea en sí el mismo hecho interpretado. En esto mi compañero Javi os podría hablar largo y tendido filosóficamente. En mi caso incluso he llegado a especular que tal vez todo este mundo, o universo, o toda esta parafernalia, sea una creación conjunta de todas nuestras mentes. Una creación imaginativa, una creación artística con la intención expresa de ser vivida de forma tangible.

Supongo que no en vano estudio Historia del Arte para llegar a estas conclusiones.

Bajando a la tierra, me parece revelador lo siguiente: las ideas nacen y, después, poco a poco, esas ideas que, potencialmente pueden ser buenas, frescas o liberadoras, pueden terminar malográndose.

La religión

Fui educada en el bienaventurado ateísmo. Nuestro señor Don Ateo es muy fino para ciertos aspectos de la vida y para otros no tanto. Es decir, el ateísmo libra de muchas malas sensaciones a quien ha sido educado en un cristianismo feroz; pero también es capaz de maniatarnos en otras ideas y sensaciones que también pueden llegar a limitarnos.

Por ejemplo, para quienes crean en el castigo divino, es muy liberador hacerse ateo. Yo ya digo que fui educada en el ateísmo, pero lógicamente en mi familia, en mi vida, y por supuesto en mi sociedad, he tenido el cristianismo de cerca.

La religión no es, para mí, per se, algo negativo. La religión es una forma de acercarnos al conocimiento, o al intento de conocimiento, intangible. Y creo que deriva de unas ideas formadas con anterioridad a esa religión, es decir, a priori, a raíz de experiencias históricas puntuales de un pueblo en concreto o de la humanidad. El cristianismo nació con la intención de borrar el sufrimiento, la esclavitud, la obediencia al poderoso. El Dios Padre convertía, frente al Dios hebreo tan severo, a todos en hijos de Dios, y por tanto nadie debía más obediencia a ningún señor terrenal. ¿Idea sencilla y profunda, verdad? Lógicamente son ideas propias de un pueblo que deseaba liberarse. Sus ideas eran tan incisivas y, en aquellos tiempos, debieron de sentirse tan liberadoras e inspiradoras, que rápidamente el cristianismo terminó llegando a occidente.

Pero…, ¿qué pasó después? ¿Por qué la idea que tenemos del cristianismo hoy día es de una mentalidad castradora y que parece basarse en la sumisión? Bueno, este es el eterno problema, lo que trataba de decir al principio: las ideas en sí, en un primer momento, nacen en positivo, y después, con los años, o con los siglos, se pueden convertir en algo interesado, o en ideario cerrado y castrante, que vienen muy bien a los sectores poderosos. En definitiva: es el poder el que castra, no las ideas.

¿Religión vs ciencia?

A menudo se separan ciencia y religión, cuando en realidad la ciencia no nace en una especie de posición enfrentada con la religión. Muchos científicos han sido religiosos, cristianos, aún hoy… De hecho hace unos meses vi un documental sobre la teoría física de cuerdas y dos de sus investigadores confesaban que, mientras realizaban sus fórmulas y a menudo en ellas les salía el mismo resultado numérico (creo que el número era 496 y lo asociaban al número áureo) afuera en la calle se lió una gran tormenta y sintieron un escalofrío y se dijeron: “a lo mejor a Dios no le gusta que estemos desvelando su secreto”. Quizás esto lo contaron con un poco de coña, vale, pero me viene esta anécdota a colación para decir lo siguiente: ¿realmente podemos decir que ciencia y religión están enfrentadas?

Bueno, si imaginamos religión como un Dios con barbas, tío machote por supuesto, con una señora a un lado y su hijo al otro, todos subidos en una nube, pues claro…, esto empieza a sonar un poco absurdo. Otro día puedo hablaros de la iconografía cristiana y sus orígenes, más en relación con formas artísticas ya establecidas anteriormente y con una intención de comprensión representativa para con el público, que con expresar una idea metafísica de forma metódica. Pero si simplificamos la idea religiosa como la posibilidad de que el universo puede estar creado de forma intencionada o inteligente, eso ya es otra cosa. Y por cierto, ya puestos a pensar así, igual no es un sólo ser el que dio con la receta mágica, sino varios, y qué decir que las identificaciones de género (dioses o diosas) están más relacionadas con el aquí cultural que con el allá.

Y por cierto que hasta en la ciencia actual, dígase teoría de cuerdas o suposiciones en cuanto a qué demonios hay detrás de la física cuántica, veo mucho germen aún de religión monoteísta. ¿Por qué han andado algunos físicos tan preocupados por hallar “la fórmula” que explique “lo grande” y “lo pequeño”? ¿Por qué todo tiene que ser UNO?

¿Y por qué hay tantos ahora que ven analogías de la física cuántica con ideas propias de religiones orientales? Hasta en la ciencia tenemos nuestra cultura y religión presentes. Esto es algo que estudia a fondo la Filosofía de la Ciencia. La mentalidad no es algo ajeno a la ciencia de hoy, por mucho que nos hagan creer lo contrario.

En fin, en cualquier caso vaya por delante que, lógicamente, yo no tengo ni puñetera idea de cómo se ha creado esto, o si es fruto del azar. No me cuadra ni una idea religiosa cerrada, ni el materialismo o empirismo más radical; no comprendo ninguna de las dos. Dicho sea esto, y recordando lo explicado antes: “es el poder el que castra, no las ideas”, pienso que si en algún momento se descubre la auténtica -supuesta- realidad de qué narices es esto, o de cómo ha sido creado, si esa realidad no gusta al poder ya harán lo posible por tergiversarla o lo que sea menester. Y es muy probable que en ese punto en el que esa idea ya está tocando con el poder, esa hipotética realidad se convertirá en algún tipo de mensaje que nos invite a la sumisión, a la obediencia o al conformismo. En fin…, es algo que podría ocurrir fácilmente.

¿Y cómo descubrir la realidad?

Bueno, pues informarse aquí y allá, reflexionar uno mismo, y sobre todo desechar rollos negativos y que inviten a agachar la cabecita, por ahí seguramente estaremos escogiendo el buen camino. Es mi opinión.

Nada es seguro y, como decía Descartes: “pienso, luego existo”. Todos pensamos, todos existimos. Por tanto tus ideas no son menos que las ideas que aquél considerado “experto”. Personalmente creo que lo único realmente positivo es aprender la siguiente lección: todos, absolutamente todos, podemos acceder al conocimiento.

Cada época, cada cultura, establece un paradigma de lo real. No dudemos pues que las verdades inmutables de nuestro mundo de hoy pueden desbaratarse en el mundo de mañana. Por tanto hemos de atrevernos a usar nuestra razón, y nuestra intuición para “saber”, pero lanzándonos a romper nuestras propias ataduras y las de nuestra sociedad.

* * *

A veces pienso que el universo puede ser simplemente un caos, y otras veces siento que todo está como encajado, como pensado de antemano.

A veces observo demasiadas casualidades, y otras veces parece que el absurdo acecha.

A menudo siento el mundo, el universo, la existencia, como una obra literaria…

Y ésta puede ser fantástica, estupenda, o por el contrario poco inspirada. Y además, aunque al parecer yo la escribo, a menudo siento que todos la escriben; pero luego, como diría Barthes, la obra literaria termina en el lector, con lo cual volvemos nuevamente a la subjetividad, al Idealismo hegeliano, a que cada cultura elige su realidad o su método de acercarse a ella.

Con el Bing Bang nació el Universo. Últimamente se habla también mucho de la energía oscura como fuerza que dispara ese movimiento primigenio del Bing Bang que cada vez, curiosamente, se acelera más.

¿Saben qué decían los griegos? Que Eros era la energía, una fuerza: el Amor. Éste hacía unirse todo para crearlo todo. Y antes de todo estaba el Caos, un estado previo del Universo espiritual. Del Caos surge Gea (la tierra, o… llamémosle materia) y la fuerza de Eros hace que Gea cree, por sí misma, a Urano (el cielo, Caelo para los romanos), con un tamaño similar a ella para que la abarque completamente.