Escribir historias con inspiración

A todo escritor, o aspirante a escritor, sea profesional o amateur, o novato en el arte de la escritura, le ha ocurrido ese temido momento en el que no se le ocurre ninguna idea, ningún tema para escribir, y no logra conectar con las deseadas musas que le otorguen la preciada imaginación para escribir relatos.

A mí me ha pasado, como es natural, muchas veces.

En este artículo me gustaría despejar al monstruo del “atasco creativo”.

He leído en varios artículos al respecto que lo primordial para inspirarte a la hora de escribir es, pues eso mismo: escribir, ponerte a ello, sentarte cada día ante el ordenador, o ante el papel, o ante esa libreta frikie que parece te engatusa con su elegante diseño, y ponerte manos a la obra cada día, incluso sobre la misma hora, buscando esa rutina diaria en la que todo se hace más mecánico y, día tras día, más llevadero.

Sí, es posible, no niego que las rutinas ayuden, y no niego para nada que a escribir se aprende escribiendo, y que la inspiración es mejor que te pille trabajando, pero… ¿Cómo inspirarse?

Cómo inspirarse con la escritura

Realmente existen dos fases, a grandes rasgos, en el arte de la escritura (y, por extensión, de toda ejecución artística): la inspiración y la creación o escritura en sí misma.

Desde luego es muy posible que en muchas ocasiones ambas te pillen unidas. Puedes estar escribiendo una idea que ya tenías previamente en mente y, mientras escribes, se te van ocurriendo nuevas ideas que incluso te parecen superar a la primigenia.

Pero aquí quiero hablar por separado del momento exacto de la inspiración, aquella etapa en la que surgen ideas para escribir, momento que no tiene porqué suceder necesariamente ante un escritorio, de hecho a menudo surgen ideas más vivas en otros lugares.

Ese momento es, digamos, como un halo en el tiempo, un momento especial que nos hace sentir, fluir y en el que brotan las ideas. Y es un momento tan dulce, tan lleno de pasión y de vida…

Inspiración – imaginación

Seguro que en muchas ocasiones te has dicho a ti misma: “no tengo imaginación para escribir”.

En fin, esa es una frase negativa que a todos nos acosa de vez en cuando. En esos momentos en los que sientes que verdaderamente la inspiración no está contigo lo mejor es relajarse y ponerse a hacer otra cosa. La imaginación no es algo que se puede forzar, todo creador, sea en la disciplina que sea, sabe esto.

Pero sí es algo en lo que uno se puede habituar. La llamada a las musas nunca es redundante, nunca está de más, ellas no se van a molestar porque trates de llamarlas muchas veces. Y también llega a ser un hábito, una rutina. ¿Y en qué acciones nos podemos habituar para lograr la inspiración?

  • La imagen. Mirar es muy importante. Mirar inspira, mirar invita siempre a crear. Observar un paisaje, uno natural, o uno urbano… Ese paisaje natural cargado de belleza; o también esa ciudad bulliciosa, repleta de personajes que se cruzan en tu camino (imagina qué vidas llevarán); o esas calles desiertas, recónditas (¿inmersas tal vez en un espacio-tiempo en el que algo fantástico ocurrirá?). Acostúmbrate a fijarte en la belleza (y en la no belleza) y trata de imaginar historias con ella.

  • El sonido. Escuchar a tu alrededor, escuchar el ruido, el ruido del tráfico, o ese sonido de fondo de la ciudad al levantarte por la mañana. O el silencio. O a tus vecinos, hablando, riendo, discutiendo, haciendo el amor (aquí todo vale…). Y por supuesto la música; yo he escrito historias enteras basadas en las sensaciones que me provoca un disco en concreto, o un estilo musical idóneo para el tema a tratar.

  • El olor. El olfato es quizás el sentido al que menos caso hacemos los humanos para ciertas cosas, pero para lograr inspirarnos es vital. Vete al paisaje natural del que hablábamos antes, cierra los ojos y respira: los olores evocan mil cosas, recuerdos del pasado (algunos creen que hasta conectan con vidas pasadas, quién sabe…)

  • El movimiento. Andar… Nietzsche, aparte de un filósofo importantísimo para la Filosofía moderna, fue un gran escritor. Aseguró que las mejores ideas se le ocurrían andando, y por eso, en sus paseos reflexivos, era acompañado siempre por alguien que escuchaba sus pensamientos e iba apuntando frases tal cual en un cuaderno.

  • Y todo junto. Es decir: subirnos a un coche, o a un tren o autobús y, mientras escuchamos música, observamos el paisaje en movimiento, pasando ante nuestros ojos como una suerte de fotogramas. O circulamos por aquellas calles de pueblos o ciudades, bajamos las ventanillas, olfateamos el olor a comida, o a perfumes en un día de fiesta, escuchando a grupos de gente hablar, o reír. Y al parar en un semáforo captaremos algo de una conversación. Sí, tal vez pueda parecer cotilla, pero ellos son realmente tus personajes, ellos son tus diálogos…

Sí, esta lista abarca varios sentidos humanos, e incluso todos revueltos. Y es que nos puede resultar muy práctico pensar en ellos como una especie de tentáculos capaces de captar futuras historias.

Aunque yo creo que el gran secreto de la inspiración para escribir historias es tratar de conectar con el mundo que te rodea de una forma estética. Y por eso es primordial usar los cinco sentidos para ello. Es algo así como sentirte metido en “el teatro del mundo” de Calderón, o como vivir casi constantemente dentro de una obra.

¿Y cómo logras tú alcanzar la inspiración para escribir un relato?

Me gusta

Me gusta volar la mirada, hacer que salte de un lado a otro. Me gusta observar, desmenuzar los colores de cada cosa y montar el puzzle nuevamente a mi antojo.

Me gusta cerrar los ojos, dejar correr las ideas y que éstas se escriban a sí mismas. Me gusta correr de un lado a otro, la vista, la vista saltarina danzando por todas partes, saltando montañas, prados y copas de árboles, mientras yo viajo aparentemente estática en un vehículo por la carretera.

Me gusta observar la ciudad, sus edificios, sus miles de ventanitas, sus miles de vidas, adentro, afuera…, con mil historias, secretos, cuentos, palabras…

Me gusta tocar una iglesia vieja, una muralla desgastada, y trasladarme a su tiempo, sintiendo las voces de esas otras vidas que, de alguna forma, parecen aún hallarse en mi espacio.

Me gusta tomar aire, respirar de una bocanada, alcanzando sueños, adentrándome en recuerdos, aspirando todas las realidades, todas las posibilidades, futuras, pasadas, permanentes o sutiles; en una espiral de deseos, en una conquista de imperios.