Lo que creemos que es el capitalismo y lo que realmente es

Durante la Edad Moderna se desarrolla el sistema capitalista. Unos historiadores creen que se inicia en esa época, considerando la crisis del siglo XVII como etapa de transición entre el feudalismo y el capitalismo, y otros estudiosos consideran que se inicia durante la Baja Edad Media, apreciando así la crisis del XVII como la primera gran crisis capitalista.

Siempre nos han hecho creer que el capitalismo se centra en el dinero. Sí, ya, su propio nombre lo indica. Y realmente el dinero sí es su lógica, pero su fundamento inicial es el poder, un poder que ya viene de atrás: el de la monarquía, monarquía asociada a Estado.

En los inicios del Absolutismo los reyes potencian las economías en lo que se vino a llamar “mercantilismo”. Fue un modo de solventar los problemas a los que se enfrentaba el siglo XVII. En esta época se consideraba que el mercado mundial tenía unas dimensiones limitadas. Por otro lado, para las monarquías insuflar la actividad económica de su propio estado se convirtió en un instrumento más para incrementar su poder, es decir, en un añadido a su aparato bélico: si conseguían reducir la economía del enemigo conseguían disminuir sus fuerzas. Digamos que, al considerarse entonces el mercado mundial como un ente abstracto con unas dimensiones limitadas (no de producción casi infinita como, parece, se considera hoy día) pensaban así que lo que cogía un estado de ese mercado se lo quitaba al enemigo.

El sistema capitalista se va configurando así en esta época como un sistema asociado a la lógica de la guerra, un sistema belicista, agresivo.

Pero nos han hecho creer que esa agresividad es la lógica del dinero, y NO.

El mercado nunca ha sido una energía por sí misma, una especie de fuerza independiente que se autoconfigura con una lógica propia, no. Lo que realmente ha ocurrido, y sigue ocurriendo, es que se implantó en aquellos años la lógica de disminuir económicamente al enemigo. Y seguimos haciéndolo, como si estuviésemos permanentemente en guerra.

Y así entramos en el siglo XXI, armados hasta los dientes y hablando todo el día engañosamente de “los mercados” (como dicen los medios, “mercado”, señores, se dice mercado).

En realidad nuestro capitalismo actual sigue continuando aquella lógica de las monarquías europeas absolutistas, que consiste en acaparar poder, mediante la guerra continua, y con varios recursos: armas o mercado. Por eso nuestro capitalismo es salvaje y agresivo, porque tiene una lógica de guerra.

Así que, quién sabe…, igual el capitalismo no tendría porqué ser necesariamente agresivo. A lo mejor la lógica agresiva no es del propio dinero, sino de la forma de emplearlo.

Por eso hoy día tenemos la que tenemos liada con Venezuela, o la hemos tenido con Irak…, y por supuesto es la lógica de la Guerra Fría, que parece continuar hoy día (Venezuela, Irak, Afganistán, Corea del Norte…), contra todos aquellos países que tienen no sólo petróleo, sino que responden al “otro”. Y por eso Estados Unidos ha hecho crecer unas economías (Japón) y en cambio aplasta a otras. Es una estrategia de guerra, de aliados y de vencidos.

Y en definitiva, y siento decir esto porque hay mucho iluso suelto hoy día (incluso yo en algún momento lo he sido), señalar que porque un país, o mejor dicho “estado”, se haga rico, no significa que lo sean sus habitantes, porque la meta a seguir hoy día sigue siendo hacer rico al estado como estrategia de guerra. Un estado rico no tiene necesariamente un estado social rico.

Los absolutismos del siglo XVII buscaban la riqueza de su estado, es decir, de su monarquía, pero no de su pueblo. Es la lógica que viene de la vieja nobleza, en la cual su única meta es engrandecer “la casa”, el apellido. Los Borbones del siglo XVIII en España contabilizaron antes que nadie a la población española para conocer “la fuerza del estado”.

Si los ciudadanos actuales vivimos mejor, o algo mejor (hay que comparar siempre con las grandes riquezas de un estado), es por puro daño colateral (por emplear la jerga bélica). Y también por las ideas socialistas que se han ido implantando en nuestro adn, a fuerza de aguantar y aguantar los embates de los poderosos.

Y lo que quiero decir especialmente es que esta lógica del estado absolutista perdura en nuestros días (y siento que os chirríen los oídos, señores neoliberales) tanto en los países socialistas o comunistas, como en los liberales capitalistas o neoliberales.

Imagen:

→ Carl Becker. Quema de los créditos de Carlos V librándole de parte de su deuda. 1866. En este lienzo el rico banquero Anton Fugger quema los créditos del poderoso emperador.

Bibliografía:

→ Alfredo Floristán (coord.), Historia Moderna Universal. Ed. Ariel. (Páginas 495-96. -Ideas según P. Deyon-).

→ Luis Ribot (coord.), Historia del Mundo Moderno. Ed. Actas. (Págs. 455-59).

La Murcia que no se fue

Hay un eslogan muy mono que se usa mucho aquí en Murcia para cualquier exposición «La Murcia que se fue».
Y ésta está aquí de manera aplastante…


Tras una polémica aprobación de la construcción del parking de San Esteban, cuando desmantelaron el anterior parque, con sus puestos de hippies que tenían de todo, su bar, sus árboles… Mira que lucharon aquéllos que llevaban años y años vendiendo en sus puestos, y mira que hemos paseado poco los murcianos por allí y hemos comprado bisuterías, pañuelos, bolsos, carteras, etc., pero al final, COMO SIEEMMMMPRE, importaba más el interés de una empresa en concreto que de un montón de gente que trabajaba allí desde hacía años.

Tras esto, cuando parecía que estaba dormida aquella escena en nuestra memoria, se plantan nuestros ancestros de hace ochocientos años y ¡toma ya!, aparece una ciudad árabe de tres mil pares de narices, con sus calles, su sistema de aguas, su mezquita y todo. La verdad es que parece que se estén vengando.

Pero claro, el político murciano es tan católico de estampa que ve algo medio moro y se pasma. En Granada cuidan su historia árabe, en Sevilla cuidan su historia árabe, en Zaragoza, Córdoba, Toledo, Calatayud… Y aquí el gobierno murciano se ha empeñado en que hay que seguir haciendo el dichoso parking, porque considera que hacer un parking más aplastando un resto arqueológico significa «progreso». El misterio es tratar de entender porqué puñetas para esta gente conservar lo antiguo no es progreso y no es algo moderno, cuando es algo que se hace desde el siglo XIX o XX, es algo propio de nuestra actualidad.

Resulta que quieren nada menos que coger los restos, como si fueran cualquier cosa, y trasladarlos, y si acaso ponerlos encima del parking. Y ahora, como ya no saben qué escusa tonta de narices poner, dicen que es que van a escavar más pa dentro para ver si encuentran la ciudad del siglo XI. Señores, en esa zona no hay ciudad del siglo XI, al menos eso consideran los arqueólogos. Está claro que es más importante el parking de una empresa de un momentillo concreto de la historia en 8 enoooormes siglos, que toda una ciudad del siglo XIII, con sus historias cotidianas albergadas en esas paredes.

No estoy en contra del mundo cristiano, para nada. El Cristianismo culturamente a veces creo que está demasiado mal visto, el Cristianismo nos ha dado mucha cultura, universidades, escuelas… Pero el mundo de al-Andalus también.

Gracias a al-Andalus conocemos a Aristóteles por las traducciones toledanas, o a Ptolomeo. Gracias a al-Andalus la ciencia y la filosofía son lo que son hoy día.

El problema no es sólo estos restos del siglo XIII, me gustaría que vieran el castillo moro de Murcia: mi propia madre vio arcos en pie de éste, y los críos le tiraban piedras. Yo ya no he visto tales arcos. Y ese castillo, para el que no lo sepa es el único resto de etapa almorávide arquitectónico que hay en la península (siglo XI); y para más leches: es, arquitectónicamente hablando, el predecesor de la Alhambra, es decir, la Alhambra aplicó lo que se había hecho estructuralmente en el castillo de Monteagudo («los Castillejos», como decimos aquí, como su propio nombre indica unos trozos por aquí y otros trozos por allá). Parece ser que había un patio al estilo del de los Arrayanes de Granada.

Pero todo esto no preocupa a nuestro querido presidente Valcárcel, que es chocante citarlo, pero el buen hombre estudió Historia del Arte (¿a que cuesta creerlo?). Tengo un libro que habla de Alfonso X el Sabio, publicado aquí en Murcia, y en las primeras páginas habla Valcárcel orgulloso de sacar a la luz las hazañas de tal talento así como si se creyese sucesor suyo.
Mandó hacer una bonita estatua a su honor y está en la hermosa avenida arbolada de Alfonso X («el Tontódromo», porque los zagales y zagalas se paseaban por ahí antes pa ligarse unos a otros, bueno… ahora también), y… creo que debo decirlo, Alfonso X sólo vivió aquí un tiempo para algunos asuntos políticos, aunque es cierto que fundó escuelas e hizo cosas destacadas aquí, eso no lo pongo en duda.

Pero, ¿dónde está la estatua en honor del fundador de la ciudad de Murcia, Mursiya, don Abd-al-Rahman II? ¿E Ibn-Arabí? ¿por qué no se enseña en las escuelas lo que escribía? Tiene una calle a su nombre, vale, pero creo que esta gente hispanomusulmana se merece más.

Podemos ser cristianos todo lo que queramos, podemos sacar nuestras procesiones de Salzillo con mucha honra, ¡pero puñetas!, lo que fue, fue, y no podemos tapar lo que hemos sido y somos. No creo que esté reñido una cosa con la otra, que a veces me da la impresión de que lo que pasa aquí es eso.

Madre mía… me muero de ganas de ver esos restos, estoy incluso obsesionada. Con verlo en el vídeo se le ponen a uno los pelos de punta…

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Julio de 2010