Qué es el misterio

La magia de lo incomprensible

Algo inexplicable, o aquello que solemos catalogar como “misterio”, suele convertirse en un aliciente en mí. Me gusta el interrogante, o aquello que no tiene explicación. Cuando siento que algo está demasiado acotado y me está diciendo “ser” conocimiento, automáticamente pienso que no es tal.

Creo que la misma interpretación de las cosas crea en sí el mismo hecho interpretado. En esto mi compañero Javi os podría hablar largo y tendido filosóficamente. En mi caso incluso he llegado a especular que tal vez todo este mundo, o universo, o toda esta parafernalia, sea una creación conjunta de todas nuestras mentes. Una creación imaginativa, una creación artística con la intención expresa de ser vivida de forma tangible.

Supongo que no en vano estudio Historia del Arte para llegar a estas conclusiones.

Bajando a la tierra, me parece revelador lo siguiente: las ideas nacen y, después, poco a poco, esas ideas que, potencialmente pueden ser buenas, frescas o liberadoras, pueden terminar malográndose.

La religión

Fui educada en el bienaventurado ateísmo. Nuestro señor Don Ateo es muy fino para ciertos aspectos de la vida y para otros no tanto. Es decir, el ateísmo libra de muchas malas sensaciones a quien ha sido educado en un cristianismo feroz; pero también es capaz de maniatarnos en otras ideas y sensaciones que también pueden llegar a limitarnos.

Por ejemplo, para quienes crean en el castigo divino, es muy liberador hacerse ateo. Yo ya digo que fui educada en el ateísmo, pero lógicamente en mi familia, en mi vida, y por supuesto en mi sociedad, he tenido el cristianismo de cerca.

La religión no es, para mí, per se, algo negativo. La religión es una forma de acercarnos al conocimiento, o al intento de conocimiento, intangible. Y creo que deriva de unas ideas formadas con anterioridad a esa religión, es decir, a priori, a raíz de experiencias históricas puntuales de un pueblo en concreto o de la humanidad. El cristianismo nació con la intención de borrar el sufrimiento, la esclavitud, la obediencia al poderoso. El Dios Padre convertía, frente al Dios hebreo tan severo, a todos en hijos de Dios, y por tanto nadie debía más obediencia a ningún señor terrenal. ¿Idea sencilla y profunda, verdad? Lógicamente son ideas propias de un pueblo que deseaba liberarse. Sus ideas eran tan incisivas y, en aquellos tiempos, debieron de sentirse tan liberadoras e inspiradoras, que rápidamente el cristianismo terminó llegando a occidente.

Pero…, ¿qué pasó después? ¿Por qué la idea que tenemos del cristianismo hoy día es de una mentalidad castradora y que parece basarse en la sumisión? Bueno, este es el eterno problema, lo que trataba de decir al principio: las ideas en sí, en un primer momento, nacen en positivo, y después, con los años, o con los siglos, se pueden convertir en algo interesado, o en ideario cerrado y castrante, que vienen muy bien a los sectores poderosos. En definitiva: es el poder el que castra, no las ideas.

¿Religión vs ciencia?

A menudo se separan ciencia y religión, cuando en realidad la ciencia no nace en una especie de posición enfrentada con la religión. Muchos científicos han sido religiosos, cristianos, aún hoy… De hecho hace unos meses vi un documental sobre la teoría física de cuerdas y dos de sus investigadores confesaban que, mientras realizaban sus fórmulas y a menudo en ellas les salía el mismo resultado numérico (creo que el número era 496 y lo asociaban al número áureo) afuera en la calle se lió una gran tormenta y sintieron un escalofrío y se dijeron: “a lo mejor a Dios no le gusta que estemos desvelando su secreto”. Quizás esto lo contaron con un poco de coña, vale, pero me viene esta anécdota a colación para decir lo siguiente: ¿realmente podemos decir que ciencia y religión están enfrentadas?

Bueno, si imaginamos religión como un Dios con barbas, tío machote por supuesto, con una señora a un lado y su hijo al otro, todos subidos en una nube, pues claro…, esto empieza a sonar un poco absurdo. Otro día puedo hablaros de la iconografía cristiana y sus orígenes, más en relación con formas artísticas ya establecidas anteriormente y con una intención de comprensión representativa para con el público, que con expresar una idea metafísica de forma metódica. Pero si simplificamos la idea religiosa como la posibilidad de que el universo puede estar creado de forma intencionada o inteligente, eso ya es otra cosa. Y por cierto, ya puestos a pensar así, igual no es un sólo ser el que dio con la receta mágica, sino varios, y qué decir que las identificaciones de género (dioses o diosas) están más relacionadas con el aquí cultural que con el allá.

Y por cierto que hasta en la ciencia actual, dígase teoría de cuerdas o suposiciones en cuanto a qué demonios hay detrás de la física cuántica, veo mucho germen aún de religión monoteísta. ¿Por qué han andado algunos físicos tan preocupados por hallar “la fórmula” que explique “lo grande” y “lo pequeño”? ¿Por qué todo tiene que ser UNO?

¿Y por qué hay tantos ahora que ven analogías de la física cuántica con ideas propias de religiones orientales? Hasta en la ciencia tenemos nuestra cultura y religión presentes. Esto es algo que estudia a fondo la Filosofía de la Ciencia. La mentalidad no es algo ajeno a la ciencia de hoy, por mucho que nos hagan creer lo contrario.

En fin, en cualquier caso vaya por delante que, lógicamente, yo no tengo ni puñetera idea de cómo se ha creado esto, o si es fruto del azar. No me cuadra ni una idea religiosa cerrada, ni el materialismo o empirismo más radical; no comprendo ninguna de las dos. Dicho sea esto, y recordando lo explicado antes: “es el poder el que castra, no las ideas”, pienso que si en algún momento se descubre la auténtica -supuesta- realidad de qué narices es esto, o de cómo ha sido creado, si esa realidad no gusta al poder ya harán lo posible por tergiversarla o lo que sea menester. Y es muy probable que en ese punto en el que esa idea ya está tocando con el poder, esa hipotética realidad se convertirá en algún tipo de mensaje que nos invite a la sumisión, a la obediencia o al conformismo. En fin…, es algo que podría ocurrir fácilmente.

¿Y cómo descubrir la realidad?

Bueno, pues informarse aquí y allá, reflexionar uno mismo, y sobre todo desechar rollos negativos y que inviten a agachar la cabecita, por ahí seguramente estaremos escogiendo el buen camino. Es mi opinión.

Nada es seguro y, como decía Descartes: “pienso, luego existo”. Todos pensamos, todos existimos. Por tanto tus ideas no son menos que las ideas que aquél considerado “experto”. Personalmente creo que lo único realmente positivo es aprender la siguiente lección: todos, absolutamente todos, podemos acceder al conocimiento.

Cada época, cada cultura, establece un paradigma de lo real. No dudemos pues que las verdades inmutables de nuestro mundo de hoy pueden desbaratarse en el mundo de mañana. Por tanto hemos de atrevernos a usar nuestra razón, y nuestra intuición para “saber”, pero lanzándonos a romper nuestras propias ataduras y las de nuestra sociedad.

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A veces pienso que el universo puede ser simplemente un caos, y otras veces siento que todo está como encajado, como pensado de antemano.

A veces observo demasiadas casualidades, y otras veces parece que el absurdo acecha.

A menudo siento el mundo, el universo, la existencia, como una obra literaria…

Y ésta puede ser fantástica, estupenda, o por el contrario poco inspirada. Y además, aunque al parecer yo la escribo, a menudo siento que todos la escriben; pero luego, como diría Barthes, la obra literaria termina en el lector, con lo cual volvemos nuevamente a la subjetividad, al Idealismo hegeliano, a que cada cultura elige su realidad o su método de acercarse a ella.

Con el Bing Bang nació el Universo. Últimamente se habla también mucho de la energía oscura como fuerza que dispara ese movimiento primigenio del Bing Bang que cada vez, curiosamente, se acelera más.

¿Saben qué decían los griegos? Que Eros era la energía, una fuerza: el Amor. Éste hacía unirse todo para crearlo todo. Y antes de todo estaba el Caos, un estado previo del Universo espiritual. Del Caos surge Gea (la tierra, o… llamémosle materia) y la fuerza de Eros hace que Gea cree, por sí misma, a Urano (el cielo, Caelo para los romanos), con un tamaño similar a ella para que la abarque completamente.