Coronavirus y papel higiénico

(Sábado 14 de marzo de 2020)

Una explicación desde el punto de vista de la publicidad

En vista al comportamiento de mucha gente haciendo acopio de víveres ante la nada común situación que estamos viviendo en nuestro país, yo me pregunto, como tantos otros:

¿Por qué papel higiénico?

El psicólogo Steven Taylor comenta que las estanterías de los supermercados se vacían de este preciado papel porque refleja un instinto de limpieza. Desde luego es una opinión que puede ser muy acertada, y sin duda lo primero que pensé cuando observé esta situación es que tenía que responder a una especie de miedo atávico, a una respuesta profundamente psicológica.

Pero ayer me acordé de algo. Por lo visto los conocimientos publicitarios también sirven para estas cosas…

¿Recordáis aquel anuncio de una conocida marca de papel higiénico donde los protagonistas eran un cachorro blanquito, monísimo, y un niño muy bonico de unos 3 años?

Para los que seáis padres: ¿a qué edad quitasteis el pañal a vuestros hijos? A los 2 y medio, 3 años…, ¿verdad?

¿Y que hacía ese niño con su perrito en este anuncio? Estaba solo con él, no había padres, no había adultos. El perrito significaría la suavidad de ese papel, pero también es cachorro, como el niño.

Juntos se aventuran en un nuevo mundo: el mundo de hacerse mayor. ¿Y qué significa eso? Significa abandonar el pañal, dejar de necesitar ayuda, significa ni más ni menos que INDEPENDENCIA y AUTONOMÍA.

Me está sorprendiendo, durante estos días, y especialmente desde el momento en el que mucha gente se ha lanzado a los supermercados, que ese acto expresa una especie de desconfianza de la organización humana en la que estamos metidos.

Me explico: hemos perdido la confianza ante lo que significa Estado, gobierno, organización comunitaria, país, Constitución…

Ante una crisis x muchos se agolpan en los supermercados (haciendo cola, por cierto, justo lo contrario de lo que recomiendan) y parecen creer que en cualquier momento dejarán de haber víveres, todo será un caos desorganizado, y cada uno tendrá que pensar en sí mismo, en su yo, en su casa, en su acumulación de alimentos y artículos como el papel higiénico que nos otorga la perdida libertad e independencia, pues antes o después llegarán las fuerzas vivas robándonos nuestra autonomía, pero por otro lado también faltará la comida y… ¡Uf! ¡El terror! Como esas películas americanas apocalípticas donde cada uno tira para lo suyo y trata de sobrevivir por su cuenta, siendo absolutamente todo el mundo que le rodea el enemigo, tipo Tom Cruise con sus zagales huyendo, topándose con locos por doquier, en la Guerra de los Mundos.

Vamos a ver… Empecemos por recordar algo:

¿Qué paso con el 11-M en Madrid? Pues según una película americana lo siguiente:

“Cuando la ciudadanía se percató de que la capital había sido atacada por el terrorismo, corrieron despavoridos, sacaron sus coches del garaje rápidamente, catapultaron a sus hijos dentro y salieron pitando de la ciudad atascando sus salidas como si no hubiera un mañana. Y por el camino se toparon con grupos de tipejos de barrios conflictivos que trataban como palurdos de aprovecharse de la situación robando, en vez de tratar de salvar sus vidas, y esto lo hacían porque eran muuuu mu malos…, una cosa bárbara.”

¿Y qué ocurrió realmente? Pues que la gente se organizó para ayudar a los heridos, que muchos ciudadanos hicieron cola para donar sangre. Es decir, que la gente se organizó en común.

En esta situación actual del Coronavirus, y habiendo entrado ya en el estado de alarma, resulta que tenemos una Constitución Española, del 78, la mar de útil. Porque para esto debe de servir un Estado, una organización territorial de gentes viviendo en ella: para unirnos, pensar en el “todo”, y servir de utilidad al bien común.

¿De qué nos sirve vivir en un país x si ante una situación anormal nos ponemos a actuar desconfiando de nuestra propia organización, como si fuésemos entes aislados, tratando solamente de salvar nuestro propio culo (lo siento, con lo del papel higiénico es que me venía al pelo).

Resumiendo: en un estado de alarma, según la Constitución, el gobierno podrá tomar fábricas de producción para repartir víveres a la población, y para evitar precisamente que unos compren máscaras a granel y luego las vendan en Internet multiplicando su precio por diez.

Tras meses y meses de banderas y banderas por aquí y por allá, resulta que ahora es precisamente el momento de sentirse pertenecer a un PAÍS. Y da igual que lo identifiquemos como “patria” al estilo conservador, o “estado” al estilo social. Usad el término como más os guste, de derechas o de izquierdas, no importa: es hora de emocionarse con lo común, con la patria, con el país, con el estado social…, es hora de creer en nuestras instituciones, de confiar en nuestro estado de derecho, en las leyes, en la Constitución…

Juntos lo superaremos. Pero, en lo máximo que se pueda, cada uno en su casa 😉

#MeQuedoEnCasa