Comentario personal a ‘Las señoritas de Avignon’ de Pablo Picasso

Al lanzar la mirada, en un primer vistazo, veo una imagen extrañamente moderna, a pesar de sus ciento trece años de vida. Quizás tengo marcada esa imagen de lo que nuestros abuelos entendían por «lo moderno», o seguramente continúa siendo moderna…

«Las señoritas de Avignon». Museo de Arte Moderno de Nueva York. Pablo Picasso, 1907.

Una multiplicación de formas se pliegan, como un puñado de bloques amontonados, sonando papel doblado, o sábanas, o cortinas de este burdel de Avignon. Máscaras africanas, arquetipos íberos en el centro…, ¡pero qué locura de formas mezcladas! Aunque no…, observando bien, y cuanto más miro, todo parece explicarse y tener gran sentido, no habiendo absolutamente ningún trazo al azar.

Me llama la atención el rosa de sus pieles, esos tonos cálidos… ¿Cómo es posible que en unas formas tan antinaturales siento la presencia de esos cuerpos desnudos? Ellas se están mostrando, y en una multiplicidad de gestos, de posturas, de puntos de vista. Lo que en un primer vistazo era bloques amontonados se convierte ahora en un caleidoscopio que invita a la tridimensionalidad sólo así posible dentro de una representación tan plana, sin profundidad, sin volumen.

Y es que el cuadro es mágico, sí…, pues mágicamente se desdobla en una suerte de papiroflexia creando una estrafalaria tridimensionalidad. Y cuántos habrán dicho ante esa obra: «¿Por qué lo pintó así? ¿Es que no sabía pintar?» Sí, claro que Picasso sabía pintar, pero sabía más que eso. Supo romper las leyes impuestas para crear tridimensionalidad y perspectiva, aquellas que quinientos años atrás establecieron los renacentistas. Y supo romper la forma habitual de representación humana occidental, sin tampoco abandonarla, sino uniéndola a formas de representación, que para él eran tan válidas como las occidentales, como el arte negro africano, el arte egipcio o el arte íbero antiguo.

Y curiosamente, usando estos arquetipos de otras culturas, aprovecha estas formas para introducir un rasgo de modernidad: otro punto de vista, otra manera de contar la realidad. Ahora la mujer desnuda no es esa bella cortesana de La Venus de Urbino de Tiziano, o La Venus frente al espejo de Velázquez, que parecen felices, tranquilas, autocomplacientes…, ¿verdaderamente era eso realismo? Ahora estamos ante mujeres de gesto serio (las dos del centro), que no son prostitutas por placer, sino por necesidad de comer, y muestran gestos de miedo, incluso de aburrimiento. Según miramos a uno u otro ojo de estas dos damas íberas, esos ojos tan descolocados uno respecto al otro, captamos uno y otro sentimiento.

¿Y esas máscaras negras? ¡Qué sensación tan terrible producen! Es como si se anunciara la muerte de ellas, o la negación de estas personas, o es la máscara que han de llevar en su trabajo que las expone a cualquier cosa.

No es un cuadro bello, no estamos ante aquellas formas armónicas y tranquilas de tiempos pasados. ¡Claro que no! ¿Y por qué habría de ser bella la representación de una vida sórdida e insegura?

Lo que creemos que es el capitalismo y lo que realmente es

Durante la Edad Moderna se desarrolla el sistema capitalista. Unos historiadores creen que se inicia en esa época, considerando la crisis del siglo XVII como etapa de transición entre el feudalismo y el capitalismo, y otros estudiosos consideran que se inicia durante la Baja Edad Media, apreciando así la crisis del XVII como la primera gran crisis capitalista.

Siempre nos han hecho creer que el capitalismo se centra en el dinero. Sí, ya, su propio nombre lo indica. Y realmente el dinero sí es su lógica, pero su fundamento inicial es el poder, un poder que ya viene de atrás: el de la monarquía, monarquía asociada a Estado.

En los inicios del Absolutismo los reyes potencian las economías en lo que se vino a llamar “mercantilismo”. Fue un modo de solventar los problemas a los que se enfrentaba el siglo XVII. En esta época se consideraba que el mercado mundial tenía unas dimensiones limitadas. Por otro lado, para las monarquías insuflar la actividad económica de su propio estado se convirtió en un instrumento más para incrementar su poder, es decir, en un añadido a su aparato bélico: si conseguían reducir la economía del enemigo conseguían disminuir sus fuerzas. Digamos que, al considerarse entonces el mercado mundial como un ente abstracto con unas dimensiones limitadas (no de producción casi infinita como, parece, se considera hoy día) pensaban así que lo que cogía un estado de ese mercado se lo quitaba al enemigo.

El sistema capitalista se va configurando así en esta época como un sistema asociado a la lógica de la guerra, un sistema belicista, agresivo.

Pero nos han hecho creer que esa agresividad es la lógica del dinero, y NO.

El mercado nunca ha sido una energía por sí misma, una especie de fuerza independiente que se autoconfigura con una lógica propia, no. Lo que realmente ha ocurrido, y sigue ocurriendo, es que se implantó en aquellos años la lógica de disminuir económicamente al enemigo. Y seguimos haciéndolo, como si estuviésemos permanentemente en guerra.

Y así entramos en el siglo XXI, armados hasta los dientes y hablando todo el día engañosamente de “los mercados” (como dicen los medios, “mercado”, señores, se dice mercado).

En realidad nuestro capitalismo actual sigue continuando aquella lógica de las monarquías europeas absolutistas, que consiste en acaparar poder, mediante la guerra continua, y con varios recursos: armas o mercado. Por eso nuestro capitalismo es salvaje y agresivo, porque tiene una lógica de guerra.

Así que, quién sabe…, igual el capitalismo no tendría porqué ser necesariamente agresivo. A lo mejor la lógica agresiva no es del propio dinero, sino de la forma de emplearlo.

Por eso hoy día tenemos la que tenemos liada con Venezuela, o la hemos tenido con Irak…, y por supuesto es la lógica de la Guerra Fría, que parece continuar hoy día (Venezuela, Irak, Afganistán, Corea del Norte…), contra todos aquellos países que tienen no sólo petróleo, sino que responden al “otro”. Y por eso Estados Unidos ha hecho crecer unas economías (Japón) y en cambio aplasta a otras. Es una estrategia de guerra, de aliados y de vencidos.

Y en definitiva, y siento decir esto porque hay mucho iluso suelto hoy día (incluso yo en algún momento lo he sido), señalar que porque un país, o mejor dicho “estado”, se haga rico, no significa que lo sean sus habitantes, porque la meta a seguir hoy día sigue siendo hacer rico al estado como estrategia de guerra. Un estado rico no tiene necesariamente un estado social rico.

Los absolutismos del siglo XVII buscaban la riqueza de su estado, es decir, de su monarquía, pero no de su pueblo. Es la lógica que viene de la vieja nobleza, en la cual su única meta es engrandecer “la casa”, el apellido. Los Borbones del siglo XVIII en España contabilizaron antes que nadie a la población española para conocer “la fuerza del estado”.

Si los ciudadanos actuales vivimos mejor, o algo mejor (hay que comparar siempre con las grandes riquezas de un estado), es por puro daño colateral (por emplear la jerga bélica). Y también por las ideas socialistas que se han ido implantando en nuestro adn, a fuerza de aguantar y aguantar los embates de los poderosos.

Y lo que quiero decir especialmente es que esta lógica del estado absolutista perdura en nuestros días (y siento que os chirríen los oídos, señores neoliberales) tanto en los países socialistas o comunistas, como en los liberales capitalistas o neoliberales.

Imagen:

→ Carl Becker. Quema de los créditos de Carlos V librándole de parte de su deuda. 1866. En este lienzo el rico banquero Anton Fugger quema los créditos del poderoso emperador.

Bibliografía:

→ Alfredo Floristán (coord.), Historia Moderna Universal. Ed. Ariel. (Páginas 495-96. -Ideas según P. Deyon-).

→ Luis Ribot (coord.), Historia del Mundo Moderno. Ed. Actas. (Págs. 455-59).

Sobre el significado del arte paleolítico

Nos maravillamos al ver las obras del arte paleolítico, el arte rupestre de las cuevas. Nos sorprende su realismo, su magistral uso de diversas técnicas para lograr definir el volumen o incluso el movimiento.

Hablo de obras artísticas del Paleolítico Superior, en cuevas como Altamira o Chauvet. Dentro de estas obras del Paleolítico Superior nos llaman la atención especialmente las del último periodo, próximas al Mesolítico, las del estilo magdaleniense (como el conocido panel de los bisontes de Altamira), porque responden a un estilo muy realista y logrado desde nuestra visión actual.

Panel de los bisontes (Altamira – Cantabria, España)

Belleza en las formas, técnica precisa, magistral conocimiento de la anatomía animal… Pero, ¿por qué? ¿Por qué estas obras están expresadas así? ¿Por qué las hicieron? ¿Qué significan? ¿Qué quieren contarnos?

 

Varias teorías tratan de explicar el arte paleolítico

Teoría de la magia simpática

Una de las primeras teorías, de finales del siglo XIX, es la bautizada como “magia simpática”, por el abate Breuil. En ella se considera que este arte representaba a animales que los humanos prehistóricos deseaban encontrar, cazar y comer. Así pues se representaban a estos bisontes, ciervos o leones, como símbolos mágicos, objetos de deseo, siendo por esta razón de un estilo pictórico tan realista, para que “se hiciesen realidad”.

Me sorprende que hoy por hoy haya tanta gente, incluso erudita, convencida de que esta teoría es la teoría central que funciona entre especialistas de antropología e historia del arte. Y lo digo por un destacado programa de radio que suele tratar temas de historia, donde en un programa reciente daban por hecho que las pinturas rupestres significan eso: el deseo de comer los animales representados. Es como una de esas conclusiones «científicas» que quedan ahí en la sabiduría popular como una verdad que damos por hecho demostrada y absoluta.

En primer lugar: la teoría de la magia simpática demostrada, lo que se dice demostrada, no está. Eso es imposible. Sé que esto puede sonar descabellado, pero esta teoría, como otras muchas (que ya añado que hay otras muchas en cuanto a este tema, y dispares) sólo podrán demostrarse completamente el día en que, con una máquina del tiempo, nos acerquemos a la cueva de Altamira hace unos 17.000 años y, si es que da la casualidad de que los historiadores y antropólogos han catalogado con una fecha buena semejante evento, puede que nos encontremos con esa persona (mujer u hombre, por cierto, que lo mismo ellas estaban muy afanadas en sus obras artísticas y ellos cosiendo trajecitos de pieles a los retoños) y podamos preguntarle a la persona ejecutora de la obra, o grupo de personas:

—Oigan…, ¿por qué pintan ustedes esto? ¿Qué significa?

Y quién sabe qué responderían.

—Pues…, ¿y por qué demonios se le ocurre a usted venir aquí para preguntarnos algo tan evidente?

—Eeehhh…, porqueee… ¿Y qué es eso tan evidente?

—¡Pero bueno! ¿De dónde ha salido usted? ¿Es que no vive en el mundo?

En fin, dejándome de bromas, lo que quiero decir con esto es que el arte prehistórico (y aún el protohistórico) es muy escurridizo a la hora de desvelar sus significados. En la disciplina de la Historia del arte existe la consciencia de que el estudioso de arte siempre va a analizar una obra artística sin poder evitar, en algún grado, ver las cosas desde su propia época y entorno cultural y social. Esto ocurre de manera mucho más aguda con el arte prehistórico, porque no estamos hablando de un arte de hace mil o dos mil años, que ya es decir, sino diecisiete mil o incluso cuarenta mil.

Cueva de las Manos, en Santa Cruz (Patagonia, Argentina)

 

Teoría constructivista

A la teoría de la magia simpática, de comienzos del siglo XX, se añadieron otras, forjadas desde diferentes corrientes de la teoría del arte. Y así, Leroi-Gourhan, en los años cincuenta del siglo XX, nos planteó algo: ¿por qué esos leones, bisontes y caballos aparecen siempre al fondo de las cuevas? ¿Y por qué al inicio de éstas suelen haber solamente símbolos y manos? Él elaboró una nueva teoría donde establecía que en cada cueva, en cada “templo”, como él denominaba a estas cuevas comparándolas a la jerarquización religiosa de una construcción sagrada, se organizaba la disposición de figuras según una idea de trasfondo que desconocíamos. Llegó a asociar cada tipo de animal representado con conceptos de masculinidad y feminidad. Ésta es la teoría «constructivista».

 

Teoría chamánica

Otra teoría más reciente, la “chamánica“, nos habla de que estas pinturas representan diferentes estadios de un estado alterado de conciencia, siendo los símbolos el primero (entrada de la cueva) y, conforme entramos, los animales de aspecto realista corresponderían al estado más alterado de conciencia o último estadio. Es decir, al comienzo de este estado, veríamos formas geométricas similares a los símbolos reticulares que vemos en estas obras, y seguidamente estas formas se transformarían en una alucinación que daría lugar a imágenes más realistas de figuras antropomorfas, híbridas y animales.

Símbolos en la cueva de Las Monedas (Cantabria, España)

 

Pero el misterio del arte paleolítico sigue ahí…

Yo opino que esos símbolos son demasiado elaborados para corresponderse sólo a una visión alucinógena, y que, incluso aunque partan de esas visiones, seguramente corresponden a una forma de proto-escritura.

Y en cuanto a las propias figuras de animales: sinceramente lo que más me choca es que están representadas como flotando, nunca aparecen insertadas en un paisaje, nunca se posan sobre nada… Es como la captación de un espíritu eterno en el espacio y en el tiempo. En este caso me convence, en parte, la teoría de Leroi-Gourham: parece que efectivamente cada tipo de animal represente un espíritu en concreto, una forma de ser, un valor… ¿humano?

Siempre que analizamos el arte lo hacemos desde el punto de vista de nuestra propia época. Parece fácil acertar o acercarnos al significado puro del arte renacentista, del barroco o del gótico (que tampoco creo nos acercamos al cien por cien), pero… ¿Cómo podemos analizar certeramente un arte tan remoto en el tiempo? ¿Cómo escrudiñar su sentido, su lógica? ¿Acaso aquellas gentes tenían en su idioma una palabra llamada “arte”, o que designara lo que hoy entendemos por “arte”? ¿Y “magia”? ¿Diferenciaban entre magia y realidad, entre lo físico y lo mágico, entre una representación y el objeto físico auténtico representado? ¿O quizás todo estaba más mezclado, más permeable, más fluido? No, efectivamente no podemos trazar una única teoría universal.

Y, mientras, esas figuras siguen permaneciendo ahí, desafiando nuestras explicaciones, como si realmente estuviesen por encima de palabras, teorías, enigmas por descubrir, o verdades que demostrar.

 

Fuentes:

Menéndez, M. (coord.) 2009. El arte en la Prehistoria. Madrid, UNED.

Hergoz, W. (2010). La cueva de los sueños olvidados (film).

La Murcia que no se fue

Hay un eslogan muy mono que se usa mucho aquí en Murcia para cualquier exposición «La Murcia que se fue».
Y ésta está aquí de manera aplastante…


Tras una polémica aprobación de la construcción del parking de San Esteban, cuando desmantelaron el anterior parque, con sus puestos de hippies que tenían de todo, su bar, sus árboles… Mira que lucharon aquéllos que llevaban años y años vendiendo en sus puestos, y mira que hemos paseado poco los murcianos por allí y hemos comprado bisuterías, pañuelos, bolsos, carteras, etc., pero al final, COMO SIEEMMMMPRE, importaba más el interés de una empresa en concreto que de un montón de gente que trabajaba allí desde hacía años.

Tras esto, cuando parecía que estaba dormida aquella escena en nuestra memoria, se plantan nuestros ancestros de hace ochocientos años y ¡toma ya!, aparece una ciudad árabe de tres mil pares de narices, con sus calles, su sistema de aguas, su mezquita y todo. La verdad es que parece que se estén vengando.

Pero claro, el político murciano es tan católico de estampa que ve algo medio moro y se pasma. En Granada cuidan su historia árabe, en Sevilla cuidan su historia árabe, en Zaragoza, Córdoba, Toledo, Calatayud… Y aquí el gobierno murciano se ha empeñado en que hay que seguir haciendo el dichoso parking, porque considera que hacer un parking más aplastando un resto arqueológico significa «progreso». El misterio es tratar de entender porqué puñetas para esta gente conservar lo antiguo no es progreso y no es algo moderno, cuando es algo que se hace desde el siglo XIX o XX, es algo propio de nuestra actualidad.

Resulta que quieren nada menos que coger los restos, como si fueran cualquier cosa, y trasladarlos, y si acaso ponerlos encima del parking. Y ahora, como ya no saben qué escusa tonta de narices poner, dicen que es que van a escavar más pa dentro para ver si encuentran la ciudad del siglo XI. Señores, en esa zona no hay ciudad del siglo XI, al menos eso consideran los arqueólogos. Está claro que es más importante el parking de una empresa de un momentillo concreto de la historia en 8 enoooormes siglos, que toda una ciudad del siglo XIII, con sus historias cotidianas albergadas en esas paredes.

No estoy en contra del mundo cristiano, para nada. El Cristianismo culturamente a veces creo que está demasiado mal visto, el Cristianismo nos ha dado mucha cultura, universidades, escuelas… Pero el mundo de al-Andalus también.

Gracias a al-Andalus conocemos a Aristóteles por las traducciones toledanas, o a Ptolomeo. Gracias a al-Andalus la ciencia y la filosofía son lo que son hoy día.

El problema no es sólo estos restos del siglo XIII, me gustaría que vieran el castillo moro de Murcia: mi propia madre vio arcos en pie de éste, y los críos le tiraban piedras. Yo ya no he visto tales arcos. Y ese castillo, para el que no lo sepa es el único resto de etapa almorávide arquitectónico que hay en la península (siglo XI); y para más leches: es, arquitectónicamente hablando, el predecesor de la Alhambra, es decir, la Alhambra aplicó lo que se había hecho estructuralmente en el castillo de Monteagudo («los Castillejos», como decimos aquí, como su propio nombre indica unos trozos por aquí y otros trozos por allá). Parece ser que había un patio al estilo del de los Arrayanes de Granada.

Pero todo esto no preocupa a nuestro querido presidente Valcárcel, que es chocante citarlo, pero el buen hombre estudió Historia del Arte (¿a que cuesta creerlo?). Tengo un libro que habla de Alfonso X el Sabio, publicado aquí en Murcia, y en las primeras páginas habla Valcárcel orgulloso de sacar a la luz las hazañas de tal talento así como si se creyese sucesor suyo.
Mandó hacer una bonita estatua a su honor y está en la hermosa avenida arbolada de Alfonso X («el Tontódromo», porque los zagales y zagalas se paseaban por ahí antes pa ligarse unos a otros, bueno… ahora también), y… creo que debo decirlo, Alfonso X sólo vivió aquí un tiempo para algunos asuntos políticos, aunque es cierto que fundó escuelas e hizo cosas destacadas aquí, eso no lo pongo en duda.

Pero, ¿dónde está la estatua en honor del fundador de la ciudad de Murcia, Mursiya, don Abd-al-Rahman II? ¿E Ibn-Arabí? ¿por qué no se enseña en las escuelas lo que escribía? Tiene una calle a su nombre, vale, pero creo que esta gente hispanomusulmana se merece más.

Podemos ser cristianos todo lo que queramos, podemos sacar nuestras procesiones de Salzillo con mucha honra, ¡pero puñetas!, lo que fue, fue, y no podemos tapar lo que hemos sido y somos. No creo que esté reñido una cosa con la otra, que a veces me da la impresión de que lo que pasa aquí es eso.

Madre mía… me muero de ganas de ver esos restos, estoy incluso obsesionada. Con verlo en el vídeo se le ponen a uno los pelos de punta…

Más información:

Julio de 2010