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Misericordia, de Benito Pérez Galdós

Misericordia, de Benito Pérez Galdós

Reseña obra “Misericordia” de Benito Pérez Galdós.

Misericordia de Galdós, resumen.

Cuando comencé a leer la novela Misericordia de Galdós, una de sus últimas novelas, deseaba adentrarme en el estilo galdosiano, con sus calles de Madrid, y ese ambiente de finales del XIX y comienzos del XX.

Y tenía la impresión de que esta novela era una historia de tinte cristiano, tal como siempre se ha dicho de ella. Y lo es. Pero creo haber encontrado mucho más. Y es que la novela Misericordia de Benito Pérez Galdós es una de sus obras más profundas sobre el ser humano, sobre la capacidad de “renovarse o morir”, o sobre el encierro mental, ese muro mental que las personas nos creamos cuando estamos inmersos en una sociedad concreta. El muro social. El muro que encierra y separa a ricos y a pobres. Pero…, hay seres especiales, aparentemente poca cosa, que saben traspasar todos los muros, con una conciencia superior y, sobre todo, con una empatía enorme hacia el otro.

Benigna, en medio de una situación extrema de pobreza, en plena crisis de 1898, mantiene la compostura de criada y hace todo lo posible por salvaguardar la dignidad y el estatus de su ama, quien ya no tiene medios y vive prácticamente en la indigencia. La criada no la abandona y claramente trata a su ama como a una familiar, comprendiendo que ésta es incapaz, con su mentalidad y estilo de vida mantenido durante años, de sacarse ella misma las castañas del fuego. La novela rememora una y otra vez unos tiempos pasados ausentes en la historia, que aparecen fugazmente como una sombra del recuerdo: una buena casa, más criados, fiestas, bonitas ropas, sueños y más sueños de aquel pasado que, en las imaginativas mentes de la ama, su hija o el pariente allegado don Frasquito, tratan de proyectarlos a un hipotético futuro.

Todos los personajes viven en el pasado. O viven en un futuro digamos…, fantasioso. Todos menos Benigna, que comprende la situación y hace lo que sea para salir adelante y sacar a flote a su dueña, a su amigo mendigo Almudena, a sí misma, a otros mendigos…

¿Y quién es capaz de SER por encima de ideas y prejuicios sociales? ¿Quién tiene auténtica misericordia por otros seres ajenos a ella, sean quienes sean, cuando se hallan en una situación que les supera?

El personaje de Benina siempre ha sido comparado con Jesucristo. La edición de Cátedra nos lo señala varias veces a lo largo de la novela en sus notas de a pie de página. Es sorprendente comprobar el conocimiento minucioso que Galdós tenía de la Biblia, y el uso literario que le da, cogiendo citas de ésta y transformándolas en el habla popular de Benigna.

Benigna, o Benina, como todos la llaman (y que por supuesto el nombre hace alusión a su bondad), sale cada mañana a las frías calles de Madrid, y con sus sesenta años se patea los rincones más lúgubres de la ciudad, pide limosna, da parte de lo que recibe a otros mendigos, guarda para su ama, saca adelante a unos y a otros, compra, empeña, hace lo imposible por pagar las deudas del colmado, saca su sonrisa, devuelve favores, los pide, los vuelve a devolver, se mete en los rincones más oscuros de la urbe, aquellos de los que una España honorable nunca quiere saber, nunca quiere ver y olvida.

Galdós nos inserta en una Madrid fría, muy pobre, muy oscura. Y en medio de toda esa pobreza y miseria, ¿dónde…, dónde está la misericordia? Está en Benina.

Una historia humana, profundamente humana. Y sí, religiosa, pero más que eso. Galdós nos muestra, en medio de toda esa cotidianidad sórdida, de las fantasías de los que fueron señores -y aún se sienten serlo-, y en medio de la prepotencia y los donaires de unos, a un ser que destaca sin pretenderlo, que no recibe premio alguno, y que simplemente ella es la misericordia.

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